La competencia emocional es un elemento clave en el aprendizaje de lenguas adicionales, ya que influye en la motivación, la retención de información y la interacción en contextos interculturales. La teoría del filtro afectivo de Krashen explica cómo las emociones negativas dificultan la adquisición lingüística, mientras que un entorno positivo favorece la receptividad. Así, la competencia emocional no solo implica la gestión de las propias emociones, sino también la comprensión de las ajenas, esencial para la comunicación intercultural efectiva. Desde un enfoque teórico, se amplía el concepto de competencia comunicativa al incluir la dimensión emocional, lo que permite una comunicación más auténtica y eficaz. Además, el vínculo entre lengua, identidad y autoestima es particularmente relevante en hablantes de herencia, quienes pueden experimentar estigmatización lingüística.
En este marco, la presente monografía aborda el desarrollo de la competencia emocional en el aula a través de diez estudios organizados en dos secciones: una primera que ofrece una visión teórica y pedagógica general, y una segunda que examina factores emocionales específicos.
Los capítulos exploran enfoques innovadores, como la ludificación, los métodos performativos y la enseñanza del lenguaje emocional. Se abordan la empatía, la autoestima y la enseñanza de emociones como el enfado, y se destaca su impacto en la adquisición de una L2. En conjunto, esta obra proporciona estrategias pedagógicas para integrar el componente emocional en la enseñanza de lenguas y promueve un aprendizaje más holístico y eficaz.
